28 jul. 2011

Seminoma asociado a microlitiasis testicular múltiple

Medicina del trabajo: a propósito de un diagnóstico de seminoma asociado a microlitiasis testicular múltiple

Mordeduras y picaduras venenosas

Mordeduras y picaduras venenosas
Ciertos animales pueden inyectar veneno a través de determinadas partes de la boca o con un aguijón. Estos animales, por lo general, no pican ni clavan su aguijón a menos que sean provocados o molestados.
Mordeduras de serpientes venenosas
Existen muchas especies de serpientes. La mayor parte de las muertes se producen en niños, ancianos, personas que no reciben tratamiento o son tratadas de forma inapropiada. A título de ejemplo, en Estados Unidos se producen cada año más de 45 000 mordeduras de serpiente, pero sólo 8000 de ellas son venenosas, y el número de víctimas mortales es inferior a quince. La mayor parte de las muertes se produce en niños, ancianos, personas que no reciben tratamiento o son tratadas de forma inapropiada, y personas que pertenecen a sectas religiosas cuyos miembros están en contacto con serpientes venenosas. En ese mismo país, las serpientes de cascabel son responsables de un 70 por ciento de las mordeduras de serpientes venenosas y de casi todas las muertes.
Mordeduras de serpiente
La gran mayoría de las mordeduras de serpiente se localizan en las extremidades
La copperhead y, en menor medida, la mocasín, son responsables de la mayor parte del resto de mordeduras de serpientes venenosas. Las serpientes de coral causan menos del uno por ciento del total de las mordeduras.
Las serpientes importadas que se encuentran en los jardines zoológicos, en granjas y en colecciones de profesionales o aficionados son responsables de alrededor de 15 mordeduras al año.
La mordedura de una serpiente venenosa no siempre provoca síntomas de intoxicación. Alrededor del 25 por ciento de todas las serpientes de la familia de los crótalos, y del 50 por ciento de las mordeduras de cobras y de serpientes de coral, no inyecta veneno. El veneno de las serpientes es una compleja mezcla que contiene proteínas que desencadenan reacciones perjudiciales. Puede afectar a casi todos los órganos del cuerpo de una forma directa, o indirecta.
El veneno de las serpientes de cascabel y otras víboras lesiona el tejido que rodea la mordedura, produce cambios en las células sanguíneas, evita que la sangre coagule y lesiona los vasos sanguíneos, ocasionando pérdidas a través de los mismos. Estos cambios pueden provocar hemorragias internas e insuficiencia cardíaca, respiratoria y renal. El veneno de las serpientes de coral afecta al sistema nervioso, pero causa poco daño al tejido que rodea la mordedura.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas de la mordedura de las serpientes venenosas varían en gran medida, dependiendo del tamaño y de la especie de la serpiente, de la cantidad y de la toxicidad del veneno inyectado, de la localización de la mordedura, de la edad y del tamaño de la víctima, y de la presencia de otros problemas de salud en la persona que sufre la picadura. La mayoría de las mordeduras se produce en la mano o en el pie. En general, las ocasionadas por las serpientes de cascabel, las mocasines de agua y las cobras causan dolor inmediatamente después de que ha sido inyectado el veneno; pasados 10 minutos, se produce la inflamación. Estos síntomas rara vez se retrasan más de 20 o 30 minutos. El dolor puede variar de leve a intenso. Es posible diagnosticar una mordedura de serpiente basándose en las marcas de los colmillos, el enrojecimiento, el dolor, la inflamación y el hormigueo y falta de sensibilidad de los dedos de la mano o del pie, o alrededor de la boca, entre otros síntomas. Después de la mordedura de ciertas especies de serpientes de cascabel, las víctimas suelen notar un sabor metálico o de goma en la boca.
Si no reciben tratamiento, la hinchazón puede avanzar y afectar a la totalidad de la pierna o el brazo en pocas horas. Los ganglios linfáticos del área afectada también pueden inflamarse y causar dolor. Otros síntomas suelen ser: fiebre, escalofríos, debilitamiento, arritmia cardíaca, desvanecimiento, sudación, náuseas y vómitos. Pueden producirse dificultades respiratorias, en particular después de una mordedura de víbora de cascabel Mojave. La víctima puede tener dolor de cabeza, visión borrosa, párpados caídos y sequedad de boca.
El envenenamiento moderado y grave causado por la mordedura de serpientes suele provocar hematomas (moraduras) en la piel, que pueden aparecer entre 3 y 6 horas después de la mordedura. La piel que rodea la mordedura se vuelve tensa y cambia de color; se pueden formar ampollas en un plazo de 8 horas y casi siempre están llenas de sangre. La falta de tratamiento puede producir una destrucción del tejido circundante, con formación de coágulos de sangre en los vasos sanguíneos.
El veneno de varias serpientes de la familia de los crótalos, en particular las serpientes de cascabel, impide que la sangre coagule; las encías pueden sangrar y puede aparecer sangre en el vómito, las heces y la orina.
Los resultados de los análisis de sangre que determinan la capacidad de coagulación pueden ser anormales y el número de plaquetas (los componentes de la sangre responsables de la coagulación) puede verse notablemente reducido.
Las mordeduras de serpientes de coral causan poco dolor e inflamación, o nada en absoluto. Los principales síntomas son los cambios en el sistema nervioso. La zona que rodea la mordedura experimenta hormigueo y los músculos cercanos se debilitan. A continuación, la persona puede presentar falta de coordinación muscular y debilitamiento general. Otros síntomas incluyen alteraciones visuales y una mayor producción de saliva, con dificultades para hablar y tragar. Finalmente pueden desarrollarse problemas respiratorios graves.
Tratamiento
La mordedura de serpientes venenosas es una urgencia médica que requiere atención inmediata. Antes de comenzar el tratamiento, el personal médico de urgencias debe intentar determinar si ha sido en realidad una serpiente venenosa y, en este caso, si ha inyectado su veneno. Si no lo hubiese hecho, el tratamiento es el mismo que para una herida punzante (limpieza profunda y una dosis de refuerzo de vacuna antitetánica).
La víctima debería mantenerse lo más calmada y quieta posible, abrigada, y debería ser trasladada de inmediato al centro médico más próximo.
La extremidad mordida debe ser inmovilizada sin apretarla demasiado y mantenida a una altura inferior al corazón. Se deben quitar los anillos, el reloj y todas las prendas ajustadas que lleve y no habría que administrar estimulantes. Sobre la mordedura es aconsejable la aplicación de un extractor de Sawyer (un dispositivo que succiona el veneno del lugar de la mordedura, diseñado para primeros auxilios) en los primeros 5 minutos, y es necesario mantenerlo colocado entre 30 y 40 minutos más mientras se produce el traslado al hospital para continuar el tratamiento.
El antídoto (suero antiofídico), que neutraliza los efectos tóxicos, es una parte importante del tratamiento en la mayoría de las mordeduras. El antídoto se aplica por vía intravenosa. También se administra una dosis de refuerzo de la vacuna antitetánica y, en ciertos casos, antibióticos.
El tratamiento general para las mordeduras de serpientes coral es el mismo que para las de la familia de los crótalos. Si se producen problemas respiratorios, es necesario que la respiración sea asistida. Es posible que se necesite utilizar un antídoto; existe uno específico para las mordeduras de serpientes de coral.
En todos los casos de envenenamiento por mordedura de ofidios, particularmente cuando las víctimas son niños o ancianos, habría que ponerse en contacto con un centro de información adecuado. El zoo local o un centro especializado deberían ser los primeros sitios de consulta acerca del tratamiento de una mordedura de una víbora venenosa de especie importada. El personal de estos centros sabe dónde obtener el antídoto y cuentan con un listado de médicos especialistas.
Mordeduras de lagartos venenosos
Los únicos dos lagartos venenosos que se conocen son el lagarto de México y el monstruo de Gila. Ambos se encuentran en Arizona (Estados Unidos), Sonora (México), y otras zonas adyacentes a éstas. El veneno de estos lagartos es bastante similar en contenido y efecto al de las serpientes venenosas.
Los síntomas más comunes comprenden dolor, hinchazón y alteraciones de la coloración de la zona que rodea la mordedura, así como inflamación de los ganglios linfáticos. La víctima puede debilitarse y sudar profusamente, tener sed, dolor de cabeza (cefalea) y zumbido de oídos (tinnitus). En los casos graves es posible que se produzca un descenso de la presión arterial.
El tratamiento es similar al de las mordeduras de serpientes venenosas. No existe un antídoto específico.
Picaduras de arañas
Casi todas las arañas son venenosas. Afortunadamente, los colmillos de la mayoría de las especies son demasiado cortos o frágiles como para atravesar la piel humana. Algunas especies no nativas de un país pueden llegar a otro en las frutas, verduras u otros materiales. A pesar de que algunas tarántulas son consideradas peligrosas, sus mordeduras no producen lesiones graves a las personas. Las picaduras de arañas causan muy pocas muertes al año y casi siempre son niños.
Sólo unos pocos venenos de araña han sido estudiados con detalle y se ha podido ver que son complejos y contienen enzimas y otras proteínas que producen diversas reacciones en el organismo.
Síntomas
La picadura de una araña viuda negra suele causar dolor agudo, parecido a un pinchazo, seguido de un dolor sordo que, a veces, produce entumecimiento en la zona que rodea la picadura. También se producen calambres y rigidez muscular en el abdomen o en los hombros, la espalda y el pecho. Otros síntomas pueden incluir inquietud, ansiedad, sudación, dolor de cabeza, mareo, caída e inflamación de los párpados. Tambien pueden aparecer erupción cutánea y picores, problemas respiratorios graves, náuseas, vómitos, mayor producción de saliva y debilidad. La piel que rodea la picadura puede notarse caliente.
La picadura de una araña solitaria marrón puede causar poco o ningún dolor inmediato, pero al cabo de una hora provoca dolor en el área que rodea la picadura. El dolor puede ser intenso y afectar a la totalidad de la herida. La zona que rodea la picadura se enrojece, aparecen hematomas (moraduras) y además, puede producir picor. El resto del cuerpo también puede picar. Luego se forma una ampolla, que, en ciertas ocasiones, puede rodearse tanto de hematomas irregulares como de un área roja en forma de diana. Primero, la zona se asemeja a un ojo de buey. A continuación, la ampolla aumenta de tamaño, se llena de sangre y, posteriormente, se rompe, formando una llaga abierta (úlcera) que puede dejar una gran cicatriz. La víctima puede tener náuseas, vómitos, dolor, fatiga, escalofríos, sudación, alteraciones de la sangre, e insuficiencia renal, pero la picadura rara vez resulta mortal.
Tratamiento
La única medida de primeros auxilios eficaz para una picadura de viuda negra es colocar un cubito de hielo sobre la picadura para reducir el dolor. Las personas menores de 16 años y las mayores de 60 o que tienen presión alta y alguna afección cardíaca suelen ser hospitalizadas para recibir tratamiento. En los casos de envenenamiento grave se aplica un antídoto para neutralizar los efectos de la toxina. Es posible que sean necesarias otras medidas para tratar las dificultades respiratorias y la presión arterial extremadamente alta. Los dolores y espasmos musculares pueden aliviarse con relajantes musculares. En los casos leves, es posible calmar el dolor con baños calientes y, en los casos graves, mediante analgésicos opiáceos.
Para las picaduras de la araña reclusa marrón, se coloca hielo sobre la picadura para reducir el dolor. Para reducir la inflamación se suelen administrar corticosteroides. Aún no existe un antídoto comercializado.
Las llagas de la piel se limpian a diario con peróxido de hidrógeno (agua oxigenada); el tejido muerto se va retirando según sea necesario. En la mayoría de las picaduras, este tratamiento es suficiente.
Picaduras de abejas, avispas, avispones y hormigas
Las picaduras de abejas, avispas, avispones y hormigas son muy frecuentes en muchos países. Una persona normal puede tolerar sin problemas 10 picaduras por cada medio kilo de peso corporal. Esto significa que el adulto podría soportar más de 1000 picaduras, mientras que 500 podrían matar a un niño. Sin embargo, una picadura puede provocar la muerte a causa de una reacción anafiláctica en personas alérgicas. La muerte, aunque muy rara vez se produce tras recibir múltiples picaduras de abeja, suele sobrevenir a causa de un mal funcionamiento cardíaco y del colapso del sistema circulatorio. Existe una variedad de abeja mucho más agresiva, llamada abeja asesina africanizada, procedente del norte de Sudamérica, la cual, al atacar a sus víctimas en grandes grupos, produce una reacción mucho más grave que las demás.
En ciertas áreas, como por ejemplo, el sur de los Estados Unidos y, en particular, en la zona del Golfo de México, las hormigas rojas provocan miles de picaduras al año. Hasta el 40 por ciento de las personas que viven en áreas urbanas infestadas pueden ser picadas en varias ocasiones al año, y al menos 30 muertes se han atribuido a las picaduras de estos insectos. La picadura de la hormiga roja suele producir un dolor inmediato y la zona se inflama y enrojece, síntomas que desaparecen en un período de 45 minutos. Luego se forma una ampolla que se rompe a las 30 o 70 horas, y la zona suele infectarse. En algunos casos, en lugar de una ampolla, se forma un área roja e inflamada que provoca picazón. La anafilaxia (reacción alérgica que puede poner en peligro la vida y, en la cual, la presión arterial desciende y las vías respiratorias se cierran) se produce en menos del 1 por ciento de quienes sufren picaduras por hormigas rojas. Pueden inflamarse algunos nervios del cuerpo y, a veces, se producen convulsiones.
Tratamiento
Las abejas, las avispas, los avispones y las hormigas rojas pueden dejar su aguijón en la piel al picar. Éste debería ser retirado raspando suavemente la superficie cutánea hasta hacerlo salir, pero nunca tirando de él ni retorciéndolo, puesto que se podría introducir todavía más veneno en el cuerpo. Un cubito de hielo colocado sobre la picadura reduce el dolor. También es útil aplicar cremas que combinen un antihistamínico, un analgésico y un corticosteroide. Los alérgicos a las picaduras siempre deberían llevar un equipo de urgencias con comprimidos de antihistamínicos y una jeringa ya cargada con adrenalina, la cual bloquea las reacciones anafilácticas o alérgicas.
Las personas que han tenido una gran reacción alérgica a una picadura de abeja pueden ser sometidas a un proceso de desensibilización, que podría evitar nuevas reacciones en el futuro. La desensibilización es un proceso por el cual el cuerpo es expuesto a pequeñas cantidades de la sustancia que le provoca una respuesta alérgica (alergeno) hasta que dicha respuesta desaparece.
Picaduras de insectos
Entre los insectos más comunes que pican y a veces succionan sangre se encuentran los mosquitos, los tábanos, las pulgas, los piojos, las chinches y ciertas variedades de chinches de agua. Las picaduras de estos insectos pueden resultar irritantes debido a los componentes de su saliva. Producen diversas reacciones, desde pequeños bultos a grandes llagas (úlceras) con inflamación y dolor. Las reacciones más graves se producen en los alérgicos o en los que contraen una infección tras ser picados. Para los alérgicos, estas picaduras pueden resultar mortales.
El insecto debería ser extraído de inmediato. Es necesario limpiar la picadura y, si es posible, aplicar un ungüento que combine un antihistamínico, un analgésico y un corticosteroide para aliviar la picazón, el dolor y la inflamación. Los alérgicos deberían buscar atención médica de inmediato o usar su equipo de urgencias para alergias, que contiene comprimidos de antihistamínicos y una jeringa previamente cargada con adrenalina.
Picaduras de ácaros y garrapatas
Las garrapatas transmiten diversas enfermedades (por ejemplo, las garrapatas del ciervo pueden albergar las bacterias que causan la enfermedad de Lyme) y algunas son venenosas. La picadura de algunas especies produce inicialmente pérdida del apetito, debilidad muscular, falta de coordinación, movimientos oculares involuntarios hacia un lado (nistagmo) y, al final, parálisis progresiva, que comienza desde las piernas hacia arriba. Los músculos que controlan la respiración también pueden paralizarse. Las picaduras de garrapatas pajaroello, que se encuentran en México y en el sudoeste de los Estados Unidos, forman ampollas llenas de pus que, al romperse, dejan llagas abiertas, convirtiéndose posteriormente en costras. La zona que rodea las llagas puede estar hinchada y volverse dolorosa.
Las infestaciones por ácaros son muy comunes; por ejemplo, la producida por Tunga penetrans (que da lugar a una erupción, que pica intensamente, causada por larvas del ácaro localizadas bajo la piel), la sarna y otras afecciones. La gravedad de los efectos sobre los tejidos que rodean la picadura es muy variable.
Tratamiento
Las garrapatas deberían sacarse lo antes posible. Resulta más sencillo sacarlas de la piel aplicando gelatina de petróleo u otro irritante sobre ellas, o bien arrancarlas lentamente con unas pinzas. La cabeza de la garrapata, que puede no salir unida a su cuerpo, debería sacarse también porque puede causar una inflamación prolongada o incluso penetrar aún más en los tejidos.
La parálisis que produce la garrapata no requiere tratamiento, pero si la persona presenta problemas respiratorios, es posible que sea necesario recurrir a una terapia con oxígeno o bien con un respirador artificial. Las picaduras de la garrapata pajaroello se lavan y empapan en una loción limpiadora y, si es necesario, se retira la piel muerta.
Los corticoides ayudan a reducir la inflamación en los casos graves. Es habitual que las llagas se sobreinfecten pero, en general, se curan con ungüentos que contienen antibiótico.
Las infestaciones por ácaros se tratan aplicando cremas que contengan permetrina o una solución de lindano. Después del tratamiento con permetrina o lindano, en ciertos casos, se utilizan pomadas con corticoides durante algunos días, con el fin de aliviar el prurito (picazón) hasta que todos los ácaros hayan sido eliminados.
Picaduras de ciempiés y milpiés
Algunos de los ciempiés de mayor tamaño pueden picar y producir gran dolor, además de hinchazón y enrojecimiento alrededor de la picadura. Los ganglios linfáticos que rodean la zona picada se inflaman pero, en general, no se producen daños ni infecciones en el tejido. Los síntomas rara vez duran más de 48 horas.
Los milpiés no pican, pero pueden secretar una toxina irritante para la piel y, en casos graves, dañar el tejido.
La aplicación de hielo sobre la picadura de ciempiés suele aliviar el dolor. Las secreciones tóxicas de los milpiés deberían eliminarse de la superficie cutánea lavándola con agua y jabón; no es recomendable utilizar alcohol. Si se produce una reacción cutánea, debe aplicarse alguna crema con corticoides. Las lesiones oculares tienen que ser lavadas con agua (irrigadas) de inmediato y se deben aplicar en los ojos ungüentos específicos que contengan un analgésico y un corticosteroide.
Picaduras de escorpiones
La mayoría de los escorpiones son relativamente inofensivos. En general, los únicos síntomas de sus picaduras son dolor e inflamación, mayor sensibilidad y calor en el lugar de la picadura. Sin embargo, el centruroides esculpido (Centruroides exilicauda), es mucho más tóxico. Su picadura produce dolor de inmediato y, en ciertos casos, adormecimiento o sensación de hormigueo en la zona que la rodea. Casi nunca se produce hinchazón. Los niños pueden volverse inquietos, estar en tensión y realizar movimientos involuntarios y fortuitos con la cabeza, el cuello y los ojos. En los adultos, aumenta la frecuencia cardíaca, el ritmo respiratorio y la presión arterial. Los músculos pueden debilitarse o sufrir una falta de coordinación. Tanto en los niños como en los adultos pueden aparecer dificultades respiratorias, que se complican por una mayor producción de saliva.
Las picaduras de la mayoría de los escorpiones no necesitan ningún tratamiento especial. Colocar hielo sobre la herida reduce el dolor, de la misma forma que un ungüento que contenga una combinación de un antihistamínico, un analgésico y un corticosteroide. Los espasmos musculares así como la presión alta producidos por la picadura pueden necesitar medicación. Es importante que la persona picada guarde reposo absoluto en cama. No deberían ingerirse alimentos en las primeras 8 o 12 horas. Debería aplicarse un antídoto (antiveneno) a todas las personas que no respondan al tratamiento anterior o desarrollen una reacción grave, en particular los niños.
Picaduras y mordeduras de animales marinos
Las rayas han causado numerosas picaduras en muchas costas del mundo. El veneno de la raya se encuentra en una o varias de las púas que presenta en la parte posterior de la cola. Estas lesiones suelen producirse cuando una persona pisa una raya mientras camina dentro del agua.
La raya mueve la cola hacia arriba y hacia adelante y, de esa forma, clava sus púas en el pie o en la pierna de la víctima. Entonces, se rompe la estructura que recubre la púa y se libera el veneno, causando un dolor intenso e inmediato.
Este dolor puede limitarse a la zona que rodea la picadura, pero a menudo se extiende rápidamente y alcanza su máxima intensidad en menos de 90 minutos. Si no recibe tratamiento, suele continuar, pero disminuye gradualmente en un período de 6 a 48 horas. Es frecuente que la persona sufra mareos, debilidad, náuseas y ansiedad. Con menos frecuencia se produce inflamación y dolor en los ganglios linfáticos, vómitos, diarrea, sudación, calambres generalizados, dolor en la axila o la ingle y dificultades respiratorias. En general, la herida que produce la púa es irregular y sangra abundantemente. Es posible que en la herida queden fragmentos del revestimiento de la púa, lo cual incrementa el riesgo de infección. Los bordes de la herida suelen cambiar de color y se produce destrucción de los tejidos. Es habitual que la zona que rodea la lesión esté hinchada.
Las heridas en el brazo o la pierna, causadas por picaduras de rayas y por la mayoría de los otros peces, deberían ser lavadas con agua salada. Si es posible distinguirlos, deberían extraerse de la piel los fragmentos del revestimiento de las púas. La extremidad lesionada debería permanecer inmersa en agua a la máxima temperatura que la persona pueda tolerar, durante 30 o 90 minutos. Si estas medidas de primeros auxilios se retrasan, el dolor puede ser muy intenso. En estos casos, el médico puede anestesiar la lesión con un anestésico local y administrar analgésicos. Es importante buscar ayuda médica para que la herida pueda ser lavada y examinada minuciosamente; además, también debe aplicarse una dosis de refuerzo de vacuna antitetánica, administrarse antibióticos en algunos casos y puede que haya que suturar la herida.
Unos pocos moluscos, entre los que se encuentran los caracoles, los pulpos y los bivalvos (como almejas, ostras y vieiras), son venenosos. Su picadura produce dolor, inflamación, enrojecimiento y entumecimiento a su alrededor.
La ingestión de mariscos envenenados provoca una forma de envenenamiento que causa parálisis y se produce cuando una persona ingiere ciertos bivalvos, sean almejas o mejillones que, a su vez, han consumido dinoflagelados (animales marinos unicelulares).
Las medidas de primeros auxilios parecen ser poco eficaces en los casos de picaduras de cono de California y pulpo. Las graves picaduras de este animal provocan un shock que necesita ayuda médica inmediata para controlar la respiración y la circulación.
Los erizos de mar y otros animales semejantes son venenosos, si bien el veneno en sí rara vez daña a las personas. Lo habitual es que las púas que cubren al erizo de mar lesionen la piel, y causen daños e inflamación en los tejidos. Si no se extraen, las púas profundizan más, causando inflamación crónica o quedan enquistadas en un hueso o en un nervio. Puede producirse dolor muscular y articular, además de erupciones cutáneas.
Las púas de los erizos de mar deberían ser extraídas de inmmediato. La coloración azulada que adquiere la superficie cutánea en el punto en que ha penetrado la púa puede ayudar a localizarla. Como el vinagre disuelve la mayoría de las púas de los erizos de mar, es probable que sea suficiente aplicar varias compresas o baños de vinagre. Es necesario lavar cuidadosamente la zona que rodea la herida y colocar un ungüento que combine antihistamínicos, analgésicos y un corticosteroide. En ciertos casos, el médico realiza una pequeñísima incisión para extraer la púa, que es muy frágil.
Varios celenterados, entre los que se encuentran los corales, las anémonas marinas, las medusas y las llamadas carabelas portuguesas producen picaduras con aguijones muy desarrollados que pueden atravesar la piel. Estos aguijones son particularmente numerosos sobre los tentáculos de estos animales; un solo tentáculo puede disparar miles de ellos sobre la piel.
El daño que produzcan depende del animal. En general, aparece una pequeña erupción sobreelevada, distribuida en forma de serie de líneas, a veces rodeadas de un área rojiza. El dolor puede ser intenso y es habitual que la persona sienta picor. La erupción puede convertirse luego en ampollas, que se llenan de pus y se rompen. Otros síntomas son debilidad, náuseas, cefaleas (dolor de cabeza), dolor y espasmos musculares, congestión de los ojos y la nariz, sudación profusa, cambios en el ritmo cardíaco y dolor en el pecho, que puede empeorar al respirar. Es preciso señalar, por otra parte, que las picaduras de las llamadas carabelas portuguesas han causado la muerte de algunas personas.
Se han sugerido varios tratamientos contra las picaduras de celenterados, a pesar de que, en la mayoría de ellas, es suficiente una buena limpieza de la zona. En algunas partes del mundo se aplica amoníaco o vinagre sobre la misma. En otros países, para aliviar el dolor, se han utilizado sustancias para ablandar la carne (como la papaína), bicarbonato de sodio, ácido bórico, zumo de limón o de higo, alcohol y muchas otras sustancias. Se sugiere el siguiente tratamiento:
1. Colocar agua de mar (no dulce) sobre la herida.
2. Eliminar los tentáculos con un instrumento, o bien con la mano enguantada.
3. Empapar el área lesionada con una solución de agua y vinagre a partes iguales durante 30 mi-nutos.
4. Espolvorear harina o bicarbonato sódico sobre la herida y luego rasparlo cuidadosamente con un cuchillo afilado.
5. Empapar nuevamente la zona con vinagre.
6. Aplicar un ungüento que combine antihista-mínicos, analgésicos y corticosteroides.
Las reacciones más graves pueden necesitar terapia con oxígeno u otro medio de asistencia respiratoria. Los intensos espasmos musculares y el dolor se tratan con medicamentos administrados por vía intravenosa.
En la actualidad, existe un antídoto para las picaduras de ciertas especies australianas, pero no alivia los síntomas de las picaduras de especies de otros países

Intoxicaciones

Intoxicaciones
La intoxicación es el efecto perjudicial que se produce cuando una sustancia tóxica es ingerida, inhalada o entra en contacto con la piel, los ojos o las membranas mucosas como las de la boca, la vagina o el pene.
Entre los más de 12 millones de productos químicos conocidos, menos de 3000 causan la mayoría de las intoxicaciones accidentales y deliberadas. Sin embargo, prácticamente toda sustancia ingerida en grandes cantidades puede ser tóxica. Las fuentes más comunes de tóxicos son: los medicamentos, los productos de limpieza, los productos para la agricultura, las plantas, los productos químicos industriales y las sustancias alimenticias. Para que el tratamiento sea eficaz, es fundamental identificar el tóxico y determinar exactamente los peligros que comporta. Existen centros de información en caso de intoxicaciones cuyos números de teléfono suelen aparecer en las guías locales o se pueden conseguir sin dificultad. Estos centros proporcionan información sobre el tratamiento de una intoxicación.
La intoxicación puede ser accidental o intencionada en el caso de un asesinato o suicidio. Los niños, en especial los menores de 3 años, son particularmente vulnerables a la intoxicación accidental, al igual que los ancianos (porque se confunden con sus medicamentos), los pacientes hospitalizados (debido a errores de medicación) y los trabajadores industriales (a causa de su exposición a productos químicos tóxicos).
Síntomas
Los síntomas de intoxicación dependen del tóxico, de la cantidad ingerida y de ciertas características de la persona que lo toma. Algunos tóxicos no son muy potentes y requieren una prologada exposición o una ingestión reiterada de gran cantidad del mismo para causar problemas. Otros son tan potentes que sólo una gota sobre la piel puede causar una lesión grave. Las características genéticas pueden influir en el hecho de si una determinada sustancia es tóxica o no para una persona en particular. Algunas sustancias, normalmente no tóxicas, sí lo son para algunas personas que tienen un determinado mapa genético. La edad es un factor determinante en cuanto a la cantidad de sustancia que puede ser ingerida antes de que se produzca la intoxicación. Por ejemplo, un niño pequeño puede ingerir mucho más paracetamol que un adulto antes de que le resulte tóxico. Las benzodiacepinas, que son un sedante, pueden resultar tóxicas para un anciano en dosis que un adulto de mediana edad podría consumir sin problema.
Los síntomas pueden ser leves pero molestos (como picores, sequedad en la boca, visión borrosa y dolor) o graves (como confusión, coma, ritmos cardíacos anormales, dificultades respiratorias y una fuerte agitación). Algunos tóxicos producen síntomas en cuestión de pocos segundos, mientras que otros lo hacen sólo tras varias horas o incluso días después de su toma. Algunos tóxicos producen pocos síntomas hasta que han dañado irreversiblemente el funcionamiento de órganos vitales tales como el hígado o los riñones. En conclusión, los síntomas de intoxicación son tan numerosos como los tóxicos.
Diagnóstico y tratamiento
Después de llamar al centro de información de intoxicaciones, los familiares o los compañeros de trabajo de las víctimas pueden comenzar los primeros auxilios mientras esperan la ayuda de los profesionales. Deberían determinar si la víctima aún respira, tiene latidos cardíacos y, si es necesario, empezar a practicarle una reanimación cardiopulmonar. Debido a que el tratamiento resulta más eficaz cuando se conoce el tóxico, deberían conservarse tanto el vómito de la víctima como los recipientes, para que el médico pueda observarlos o analizarlos.
Cuando se desconoce el tóxico, los médicos intentan identificarlo mediante pruebas de laboratorio. Un análisis de sangre puede ser útil, pero el análisis de una muestra de orina lo es todavía más. Los médicos pueden extraer el contenido del estómago aspirándolo a través de una carda y lo envían al laboratorio, donde se analiza e identifica.
Cuando una persona ingiere una sustancia tóxica, es necesario provocar el vómito de inmediato, a menos que el tóxico pudiera resultar más perjudicial al ser vomitado, como en el caso de objetos cortantes, productos derivados del petróleo, la lejía y los ácidos. Si la persona está muy mareada, inconsciente o sufre convulsiones, no debería provocarse el vómito porque la víctima podría ahogarse. Para inducir el vómito suele usarse jarabe de ipecacuana; las instrucciones para su administración se encuentran impresas en la etiqueta de la botella. En el caso de no conseguir este producto, se puede usar agua jabonosa.
En el hospital, los médicos utilizan otras técnicas para eliminar las sustancias tóxicas del estómago. Pueden vaciar el estómago colocando una sonda por la boca o la nariz que llegue hasta él para lavarlo con agua (lavado gástrico). También pueden suministrar carbón activado a través de la sonda gástrica o bien hacer que el paciente lo tome por sí mismo. Este compuesto se une a una significativa cantidad de tóxico y evita que se absorba y pase a la sangre.
Cualquier persona que haya estado expuesta a un gas tóxico debe necesariamente ser alejada del lugar lo antes posible, preferiblemente hacia el aire libre. El personal de urgencias médicas suele administrar oxígeno a la víctima tan pronto como llega al lugar del suceso.
En los casos de derramamiento de sustancias químicas, se les quita inmediatamente toda la ropa contaminada a los afectados, incluyendo los zapatos y los calcetines. Si la piel y los ojos han estado expuestos, deberían lavarse con abundante agua. El personal encargado de rescatar a las víctimas debe tomar todas las precauciones posibles para no contaminarse.
Una vez que el tóxico ha sido absorbido por el tracto gastrointestinal, la piel o los pulmones, se distribuye rápidamente por todo el cuerpo. Finalmente, el hígado se encarga de eliminar el carácter tóxico de la mayoría de las sustancias, que también pueden ser excretadas en la orina. Los médicos intentan acelerar este proceso de detoxificación y la eliminación de los venenos, al mismo tiempo que intentan contrarrestar sus efectos tóxicos.
Generalmente, se administran líquidos por vía intravenosa para que la víctima esté bien hidratada y pueda mantener la producción de orina. Para incrementar la cantidad de tóxico eliminado a traves de la orina, se pueden agregar ácidos o bases leves a estos líquidos.
Los productos químicos que se unen a ciertos tóxicos, particularmente los metales pesados como el plomo, pueden ser administrados por vía intravenosa para ayudar a neutralizar y eliminar el tóxico. Posiblemente sea necesario recurrir a la diálisis para eliminar los tóxicos que no se neutralizan fácilmente o que no desaparecen de la sangre.
Si se cuenta con un antídoto, debe ser administrado lo antes posible. Ejemplos de antídotos son los anticuerpos de antidigoxina en el caso de una sobredosis de digoxina y la naloxona para una sobredosis de morfina o heroína.
Una intoxicación suele requerir tratamiento adicional, dependiendo de los síntomas y de la sustancia ingerida. Es probable que se necesite un respirador artificial si se produce un paro respiratorio, como puede suceder después de una sobredosis de morfina, heroína o de barbitúricos. El cerebro a menudo se hincha después de una intoxicación con sedantes, monóxido de carbono, plomo u otros productos químicos que producen una depresión del sistema nervioso. Los medicamentos destinados a reducir la hinchazón son los corticosteroides y el manitol. La intoxicación puede causar insuficiencia renal grave, llegando a ser necesario dializar a la víctima.

Viajes aéreos y sus problemas médicos

Viajes aéreos y sus problemas médicos
Volar puede provocar o empeorar una amplia variedad de enfermedades, a pesar de que son muy pocas las que impiden que una persona viaje en avión. Entre éstas destacan el neumotórax, lesiones pulmonares causadas por la tuberculosis, enfermedades que podrían contagiarse a otros pasajeros y trastornos en los que incluso una pequeña expansión de aire dañaría los tejidos, como en el caso de una cirugía intestinal realizada en los 10 días anteriores. Algunas enfermedades requieren cierta planificación y exigen tomar precauciones antes de volar. Por ejemplo, las personas a las que se ha practicado una colostomía deberían llevar una bolsa grande y prever que puede llenarse varias veces.
Un viaje en avión plantea diversos problemas, como cambios en la presión del aire, disminución de la cantidad de oxígeno, turbulencias, alteraciones en el ritmo interno de 24 horas (circadiano) del organismo (desfase de horario o jet lag), y estrés psicológico o físico.
Cambios en la presión del aire
Los aviones modernos mantienen la presión del aire dentro de la cabina (presión en cabina) a bajos valores, equivalentes a la presión atmosférica entre 1 500 y 2 400 m de altura. A esos valores, el aire atrapado en las cavidades del cuerpo (como las de los pulmones, el oído interno, los senos y el tracto intestinal) se expande alrededor de un 25 por ciento. En ocasiones, esta expansión agrava ciertos trastornos de salud, como un enfisema, una obstrucción de las trompas de Eustaquio, una sinusitis crónica y dolores crónicos abdominales causados por gas. Los problemas pueden agravarse notablemente cuando un avión, accidentalmente, pierde la presión de la cabina o cuando ésta no está presurizada, como sucede con algunas avionetas pequeñas.
Durante los viajes en avión es habitual tener una sensación de presión en los oídos. Ésta se produce cuando aumenta la diferencia entre la presión dentro y fuera del oído, lo cual hace que el tímpano protruya. Cuando la trompa de Eustaquio (un conducto que conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz) permite que el aire entre y salga del oído medio, la presión se iguala.
Los resfriados de cabeza o las alergias pueden generar secreciones y una hinchazón que bloquea las trompas de Eustaquio, y las infecciones repetidas pueden favorecer el desarrollo de cicatrices que las obstruyan parcialmente. El aire queda atrapado en el oído medio, produciendo presión (barotitis media) y dolor. En alguna rara ocasión el tímpano se rompe debido a ello. Del mismo modo, puede quedar atrapado aire en los senos paranasales (barosinusitis), provocando dolor en la cara.
Tragar saliva con frecuencia o bostezar durante el descenso del avión, así como con la ingestión de descongestivos antes o durante el vuelo, pueden evitarse o aliviarse estos trastornos. Como los niños son particularmente susceptibles a la barotitis media, deberían mascar chicle, chupar un caramelo sólido o beber algo durante el ascenso y el descenso; a los bebés se les puede amamantar o bien darles el biberón o el chupete.
Disminución del oxígeno
La relativa baja presión del aire en el interior de un avión también causa problemas debido a sus efectos sobre los valores de oxígeno.
Los bajos valores de oxígeno resultan particularmente problemáticos para quienes sufren enfemedades pulmonares graves como enfisema o fibrosis quística, insuficiencia cardíaca, anemia, angina grave, drepanocitosis o ciertas enfermedades cardíacas congénitas. Por lo general, estas personas pueden volar sin problemas si se les suministra oxígeno. Las líneas aéreas pueden aceptar un pedido de oxígeno si se les notifica tal necesidad 72 horas antes del vuelo. Habitualmente, las personas que han sufrido un ataque cardíaco pueden volar entre 10 y 14 días después del mismo. Durante un vuelo, los que padecen problemas respiratorios no deberían fumar ni beber alcohol (pues ello agrava los efectos de la disminución de oxígeno). En general, quien pueda caminar 90 metros o sea capaz de subir un tramo de escaleras debería poder tolerar las condiciones normales de cabina sin necesidad de oxígeno adicional.
Turbulencias
Las turbulencias pueden causar mareo o lesiones. Las personas que tienden a marearse en los aviones pueden tomar comprimidos de dimenhidrinato o bien aplicarse parches de escopolamina sobre la piel. Sin embargo, estos fármacos pueden causar efectos negativos, particularmente entre los ancianos. Los parches provocan menos efectos adversos. Para evitar lesiones, los pasajeros deberían mantener sus cinturones de seguridad abrochados mientras están en sus asientos.
Desfase de horario (jet lag)
El hecho de viajar a gran velocidad, lo cual implica atravesar diversos husos horarios, produce mucho estrés físico y psicológico conocido como desfase de horario o jet lag (disritmia circadiana). Un cambio gradual en los patrones de comida y sueño antes de la partida puede aliviar el problema. Deben realizarse algunos cambios en el horario en que se toman los medicamentos; por ejemplo, los intervalos entre medicamentos, que normalmente se ingieren a horarios precisos a lo largo del día, deberían basarse en el tiempo transcurrido entre tomas (por ejemplo, 8 horas) más que en la hora local. Los diabéticos que se aplican insulina de acción prolongada pueden cambiar a insulina regular hasta que se hayan ajustado al nuevo huso horario, a la comida y al ritmo de actividades, o bien pueden compensar progresivamente la diferencia de husos horarios con el paso de los días. Deberían establecer un programa de alimentación y medicaciones con su médico antes de partir y llevar consigo un instrumento que controle las concentraciones de azúcar en sangre (glucosa).
La melatonina, una hormona que regula el ciclo del sueño, ayuda a contrarrestar los trastornos del mismo causados por el desfase de horario. Su efectividad depende de tomar las dosis siguiendo un esquema preciso. Como los productos con melatonina son suplementos nutricionales más que medicamentos, los reclamos hechos por los fabricantes no han sido examinados rigurosamente y la calidad de cada preparado comercial puede variar.
Estrés psicológico
El miedo a volar y la claustrofobia pueden provocar angustia. La hipnosis y la modificación del comportamiento ayudan a algunas personas. Tomar un sedante puede aliviar el miedo antes y durante el vuelo.
Como el comportamiento de algunos individuos mentalmente enfermos empeora durante los viajes aéreos, quienes manifiestan tendencias violentas o impredecibles deben viajar acompañados y pueden necesitar algún tranquilizante antes de volar.
Precauciones generales
Los marcapasos y las extremidades metálicas artificiales, las dentaduras postizas o los clavos resultan afectados por los detectores de metales de los aeropuertos. Sin embargo, los modelos más recientes de marcapasos pueden resistir la potencial interferencia de estos detectores. Para evitar problemas de seguridad, las personas que usan dichos dispositivos deberían llevar una nota de su médico explicando la situación.
El riesgo de que se formen coágulos de sangre en las piernas aumenta en cualquier persona que permanezca sentada en un mismo sitio durante mucho tiempo. Las mujeres embarazadas y los que tienen mala circulación son los más expuestos. Caminar por la cabina cada una o dos horas y contraer y relajar los músculos de las piernas mientras se está sentado ayuda a mantener una buena circulación sanguínea.
La deshidratación producida por la escasa humedad (de alrededor del 5 por ciento) que hay en la cabina puede compensarse bebiendo suficientes líquidos y evitando el alcohol, que empeoraría la deshidratación. Las personas que utilizan lentes de contacto deberían aplicarles alguna solución humidificadora con el fin de contrarrestar los efectos del aire seco.
Las líneas aéreas suelen proporcionar alimentos especiales, como dietas con bajo contenido en sal y grasas, y platos especiales para diabéticos si se les solicita con antelación.
Los pasajeros deberían llevar sus medicamentos en bolsas de mano en lugar de maletas, que se facturan en el aeropuerto, sobre todo por si éstas se pierden, las roban o llegan más tarde. Los medicamentos deberían transportarse en sus envases originales. Quienes deban transportar derivados opiáceos, grandes cantidades de cualquier fármaco o jeringas, deberían disponer de una nota médica para evitar ser detenidos por los agentes de seguridad de la aduana. Sería recomendable que los pasajeros lleven consigo un resumen de su historia médica, incluyendo resultados de electrocardiogramas, por si sufren algún contratiempo lejos de casa. Quienes padecen afecciones potencialmente incapacitantes, como la epilepsia, deberían llevar una identificación de Alerta Médica, colocada en la muñeca o en el cuello.
Las mujeres con embarazos normales pueden viajar en avión hasta el octavo mes. Las que presenten embarazos de alto riesgo deberían consultar sus planes de viaje con su médico y obtener su aprobación.
En general, para volar durante el noveno mes, es necesario presentar una nota del médico, dentro de las 72 horas previas al viaje, que indique la fecha aproximada del parto. Los cinturones de seguridad deberían ir cruzados por encima de los muslos, y no sobre el abdomen, para evitar posibles lesiones en el útero.
No se permite volar a los niños menores de 7 días. Los niños que padecen enfermedades crónicas, como afecciones cardíacas o pulmonares congénitas o anemias, tienen las mismas restricciones que los adultos en iguales condiciones. No existe límite de edad máximo para poder viajar en avión.
Las líneas aéreas hacen esfuerzos razonables para acomodar a los discapacitados. Generalmente, las sillas de ruedas y las muletas pueden acomodarse en los vuelos comerciales; de lo contrario, es necesario un servicio aéreo de ambulancia. Algunas líneas aéreas aceptan a personas que necesitan equipos especiales como catéteres intravenosos y respiradores mecánicos, siempre y cuando estén acompañados por personal capacitado y se hayan hecho todos los arreglos pertinentes con al menos 72 horas de anticipación.
Es posible conseguir información y asesoramiento acerca de los viajes aéreos en los departamentos médicos de las líneas aéreas más importantes.
Viajes al extranjero
De los millones de personas que viajan al extranjero cada año, alrededor del 3 por ciento necesita asistencia médica a causa de una enfermedad o lesión. Es posible que se produzcan infecciones gastrointestinales por beber agua o bebidas contaminadas, incluido el hielo, o por comer alimentos crudos o mal cocidos.
Los contactos sexuales casuales producen un alto riesgo de contraer el SIDA, que existe en todo el mundo, así como otras enfermedades de transmisión sexual.
Los accidentes de tráfico, especialmente nocturnos, y la sofocación son las principales causas de muerte o lesiones entre los turistas que visitan países extranjeros. Los riesgos para la salud varían según el país y la región visitados. Existen centros especializados de salud que suministran al viajero datos actualizados sobre los riesgos que comporta visitar determinados países.
En algunos países, muchos seguros de asistencia médica carecen de validez y los hospitales suelen requerir un importante desembolso de dinero en efectivo, al margen del seguro de salud que tenga la persona en su país. Es posible contratar varios planes de seguro de viajes, incluyendo algunos de los que cubren las evacuaciones de emergencia, tanto a través de las agencias de viaje como de ciertas compañías de tarjetas de crédito. Los consulados de los respectivos países de origen pueden asegurar la prestación de servicios médicos de emergencia.
Vacunaciones
Las personas que planean viajar al extranjero deberían aplicarse las vacunas apropiadas, dependiendo de su destino. Por lo general, se necesita más preparación cuando el viaje dura tres semanas o más, cuando incluye varios destinos en países en vías de desarrollo, o cuando tiene la finalidad de visitar zonas rurales o trabajar con poblaciones residentes. Las necesidades, en lo que a vacunas se refiere, cambian frecuentemente. Algunas deben ser aplicadas entre 2 y 12 semanas antes del viaje, por lo que el viajero debe informarse sobre el tema con la debida anticipación. En la actualidad es muy fácil conseguir información sobre los requisitos de vacunación de cada país.

Lesiones producidas por la inmersión

Lesiones producidas por la inmersión
La inmersión en las profundidades marinas o la que se realiza con un aparato de respiración subacuático autónomo (escafandra) puede causar problemas médicos tales como una embolia de aire (aeroembolia) y trastornos por descompresión, los cuales pueden resultar mortales si no son tratados inmediatamente. Estos problemas se producen debido a la alta presión que existe bajo el agua y también pueden afectar a las personas que trabajan en túneles o cajones neumáticos (cubículos cerrados para realizar trabajos de construcción bajo el agua) en los que se usa aire comprimido.
La alta presión bajo el agua se debe al peso de ésta hasta la superficie, del mismo modo que la presión barométrica (atmosférica) que afecta a la tierra es causada por el peso del aire que se encuentra por encima. Bajo el agua, la presión suele medirse en unidades de profundidad (pies o metros) o en atmósferas absolutas. La presión en atmósferas absolutas incluye el peso del agua, que a 10 metros es de 1 atmósfera, más la presión atmosférica en la superficie, que es también de 1 atmósfera. Por eso un buzo que se encuentra a una profundidad de 10 metros está expuesto a una presión total de 2 atmósferas absolutas o, lo que es lo mismo, dos veces la presión atmósferica de la superficie. Con cada 10 metros adicionales de profundidad, la presión aumenta 1 atmósfera.
Efectos de la alta presión
Simultáneamente al aumento de la presión fuera del cuerpo, aumenta tambien la presión en la sangre y en los tejidos corporales, pero no necesariamente en los espacios que contienen aire, como los pulmones o las vías respiratorias. En las profundidades, la presión en los pulmones y en las vías respiratorias se iguala automáticamente con la del exterior cuando se cuenta con un suministro de aire, como en el caso de una persona que se sumerge con un casco o una escafandra.
Los espacios de aire existentes dentro de una máscara facial o en el interior de unas gafas de buceo también están sujetos a cambios de presión. La presión de las máscaras se iguala gracias al aire que se expulsa por la nariz. Pero la presión de las gafas simples no se iguala; la menor presión interna las hace actuar como ventosas de succión aplicadas a los ojos. La diferencia de presión provoca que los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de los ojos se dilaten, pierdan líquido y, finalmente, revienten y pierdan sangre. Los buceadores toman precauciones para evitar los efectos de semejantes diferencias de presión.
Dichas diferencias también afectan el oído medio. Si el conducto que conecta el oído medio y la parte posterior de la garganta (trompa de Eustaquio) no se abre normalmente (es decir, si los oídos no “crujen” al bostezar o tragar ), la presión en el oído medio resulta más baja que la del oído externo. En estas circunstancias, el aumento de presión sobre el tímpano, que separa el oído medio del externo, hace que éste protruya hacia dentro y, si la presión aumenta hasta cierto punto, se puede romper, provocar un gran dolor y pérdida de la audición. La rotura del tímpano suele curarse pero, a menudo, tras haberse producido una infección del oído medio.
Si el tímpano se rompe cuando el buzo se encuentra en aguas frías, la corriente que penetra en el oído medio produce vértigo (un grave mareo con sensación de estar girando), desorientación y náuseas. Como consecuencia de ello pueden aparecer vómitos, con el consiguiente riesgo de ahogamiento. El vértigo disminuye a medida que el agua que ha entrado en el oído alcanza la temperatura corporal.
Las diferencias de presión en el oído medio pueden afectar al oído interno (responsable de la audición y del equilibrio). Esta presión desigual es la explicación del por qué en ocasiones los buzos tienen vértigo (vértigo alternobárico) cuando comienzan a ascender. En raras ocasiones se produce una rotura entre el oído interno y el oído medio, provocando una pérdida de fluido. Una rotura de estas características puede necesitar reparación quirúrgica inmediata para evitar efectos irreversibles.
El uso de tapones crea un espacio cerrado entre éste y el tímpano en el que la presión no puede igualarse. Por lo tanto, no deben usarse tapones al bucear.
Las diferencias de presión causan efectos similares sobre los senos (sacos llenos de aire localizados en los huesos que rodean la nariz) provocando dolor de cabeza y en la cara. Cuando la congestión impide que la presión de los oídos y los senos se iguale, pueden usarse los descongestivos para abrir temporalmente los conductos nasales obstruidos, las trompas de Eustaquio y los senos. Sin embargo, si se realizan varias inmersiones sin que puedan igualarse las presiones, suele producirse algún tipo de lesión.
Compresión y expansión del aire
Los cambios de volumen del aire dentro del cuerpo también pueden provocar problemas médicos. A medida que aumenta la presión, el aire se comprime en un espacio menor (es decir, disminuye su volumen). Por el contrario, cuando la presión disminuye, el aire se expande (su volumen aumenta). Por ejemplo, cuando la presión se duplica (como cuando se bucea desde la superficie hasta una profundidad de 10 m), el volumen de aire se reduce a la mitad, y cuando la presión se reduce a la mitad (como al ascender desde una profundidad de 10 m), el volumen de aire se duplica. Por ello, si un buzo llena sus pulmones con aire a una profundidad de 10 m y asciende sin exhalar libremente, el volumen de aire se duplica, los pulmones se expanden demasiado y puede producirse la muerte. Debido a ello, los buzos que cuenten con un suministro de aire como, por ejemplo, una botella de oxígeno no deben contener la respiración durante el ascenso. El aire inhalado a cierta profundidad (incluso a la profundidad de una piscina) debe ser exhalado libremente durante el ascenso. Debido a que el aire se comprime cuanto mayor es la presión, cada inhalación realizada en las profundidades contiene muchas más moléculas que una hecha en la superficie. A 20 metros (3 atmósferas absolutas), por ejemplo, cada inhalación contiene tres veces la cantidad de moléculas que una inhalación hecha en la superficie y, en consecuencia, una botella de oxígeno se vacía tres veces más rápido. Por consiguiente, cuanto más desciende el buzo, más rápidamente se termina su reserva de aire.
Como el aire comprimido es más denso en las profundidades (contiene más moléculas) que el aire de la superficie, se necesita un mayor esfuerzo para que se desplace por las vías respiratorias del buzo y por los tubos del equipo de buceo. Por ello resulta más difícil respirar en las profundidades. Algunas personas son incapaces de exhalar suficiente anhídrido carbónico y ello hace que los niveles de éste aumenten en la sangre (lo que puede provocar pérdidas transitorias de la visión y de la consciencia).
Los equipos de buceo que permiten volver a respirar varias veces el mismo aire mantienen el suministro de gas y permiten que la persona permanezca más tiempo bajo el agua. Un ejemplo de este tipo de equipos es un respirador de oxígeno de circuito cerrado, que proporciona oxígeno fresco al buzo; el resto del gas vuelve a inhalarse. La cantidad de oxígeno fresco que se necesita es de sólo 1/20 del total de aire respirado y no aumenta con la profundidad de la inmersión, por lo que, para la mayoría de las inmersiones, es suficiente una menor cantidad de gas. Una desventaja de los dispositivos de reinhalación es que la cantidad de anhídrido carbónico que libera el buzo, que es casi igual a su consumo de oxígeno, debe ser absorbido mediante compuestos químicos. Si no se produce su absorción o ésta resulta insuficiente, aumenta la concentración de anhídrido carbónico del gas reinhalado. Un buzo que no se dé cuenta de ello (por ejemplo, por un aumento de su respiración o bien porque le falte el aire) puede perder la consciencia.
Los valores anormalmente altos de anhídrido carbónico (intoxicación por anhídrido carbónico) pueden causar pérdidas transitorias de la visión y de la consciencia. Algunas personas presentan una acumulación de anhídrido carbónico porque no aumentan su frecuencia respiratoria adecuadamente durante el esfuerzo físico. Las altas concentraciones de anhídrido carbónico aumentan la posibilidad de que se produzcan convulsiones secundarias a la toxicidad del oxígeno e incrementan la gravedad de la narcosis del nitrógeno. Los buzos que con frecuencia padecen dolores de cabeza después de una inmersión o que se enorgullecen de utilizar poco aire pueden estar reteniendo anhídrido carbónico.
La inmersión puede complicarse debido a la falta de visibilidad, las corrientes de agua que requieren un gran esfuerzo físico y el frío. En el agua rápidamente puede producirse hipotermia (descenso de la temperatura corporal), lo que provoca torpeza y falta de discernimiento. El agua fría puede alterar el ritmo cardíaco mortalmente en las personas susceptibles. La intoxicación por anhídrido carbónico debido al aire contaminado puede causar incapacidad e incluso la muerte. Los síntomas de dicha intoxicación son náuseas, dolor de cabeza, debilidad, torpeza y alucinaciones. Los medicamentos, así como el abuso del alcohol u otras drogas, también pueden tener efectos imprevistos en las profundidades.
Embolia de aire
La embolia de gas (aeroembolia) es la obstrucción de los vasos sanguíneos causada por la presencia de burbujas en el flujo sanguíneo, generalmente producidas por la expansión del aire retenido en los pulmones del buzo mientras disminuye la presión durante un ascenso.
En la aeroembolia, el aire retenido en los pulmones se expande y los hincha en exceso, produciéndose un paso de aire hacia el flujo sanguíneo en forma de burbujas. Si éstas obstruyen los vasos sanguíneos del cerebro, ocasionan daños similares a los que produce un ataque cerebral grave, como una trombosis o una hemorragia. La aeroembolia es una emergencia grave y una causa de muerte muy habitual entre los submarinistas.
La causa más frecuente de aeroembolia se produce al contener la respiración durante un ascenso con botellas, lo cual casi siempre es consecuencia de que se ha agotado el aire en las profundidades. A causa del pánico, el buzo puede olvidarse de exhalar libremente a medida que se expande el aire de sus pulmones mientras asciende. La aeroembolia puede producirse incluso en una piscina si la persona cuenta con una fuente externa de aire, inhala bajo el agua y no exhala al subir a la superficie.
Síntomas
El síntoma más típico es la repentina pérdida de la consciencia, con o sin convulsiones. A veces se producen síntomas menos graves, que pueden ir desde una confusión o una agitación hasta una parálisis parcial.
Si los pulmones se inflan en exceso también puede suceder que el aire de su interior llegue a los tejidos que rodean el corazón (enfisema mediastínico) o incluso bajo la piel (enfisema subcutáneo). En ocasiones, los pulmones excesivamente cargados revientan, y liberan aire al espacio que separa a los pulmones de la pared torácica (neumotórax). En consecuencia, los pulmones se colapsan, produciendo ahogo y dolor de pecho. Los síntomas que indican que se ha producido una lesión pulmonar pueden ser la expectoración de sangre o la salida de espuma sanguinolenta por la boca
Tratamiento de urgencia
El buzo que pierde la consciencia durante un ascenso o muy poco después del mismo probablemente padece aeroembolia y debe recibir tratamiento inmediato. Una víctima de aeroembolia debe regresar rápidamente a un ambiente con alta presión, para que las burbujas se compriman y se disuelvan en la sangre. Algunos centros médicos cuentan con cámaras de alta presión (cámaras de recompresión o hiperbáricas) para este propósito. La persona debe ser transportada hasta la cámara lo más rápido posible mientras se le suministra oxígeno a través de una mascarilla facial bien ajustada. Volar, aunque sea a baja altura, reduce la presión atmosférica y permite que las burbujas se expandan, pero el transporte aéreo sólo se justifica si con él se gana suficiente tiempo en el traslado de la víctima a una cámara adecuada.
Enfermedad por descompresión
La enfermedad por descompresión (mal de la descompresión, aeroembolia, parálisis de los buzos) ocurre cuando los gases disueltos en la sangre y los tejidos forman burbujas que obstruyen el paso de la sangre produciendo dolor u otros síntomas.
Pueden formarse burbujas cuando una persona se mueve desde un ambiente de alta presión a uno de baja presión, lo cual sucede al ascender de una inmersión.
Causas y prevención
Un buzo, o una persona que trabaja en un ambiente con aire comprimido, cuando respira, recibe grandes cantidades de oxígeno, de nitrógeno y de otros gases. Como el oxígeno es continuamente utilizado por el cuerpo, por lo general, no se acumula. Sin embargo, el nitrógeno y otros gases se disuelven en la sangre y los tejidos y sí se acumulan. El único modo de que sean eliminados del cuerpo es por los pulmones, adonde llegan a través del flujo sanguíneo (es decir, por el camino contrario al utilizado para entrar) y este proceso lleva tiempo. A medida que disminuye la presión exterior, lo cual sucede durante un ascenso tras una inmersión, la presión en la sangre puede no ser suficiente para mantener disueltos los gases y por ello, se forman burbujas.
El buzo puede evitar la formación de burbujas restringiendo la cantidad total de gas que absorbe el cuerpo. Dicha cantidad puede reducirse limitando la profundidad y la duración de las inmersiones hasta un punto en el que no sea necesario hacer paradas de descompresión durante el ascenso (una modalidad que los buzos llaman límites sin paradas), o bien ascendiendo con paradas de descompresión tal como se especifica en textos autorizados. En estos textos se detalla un patrón de ascenso que, por lo general, permite que el exceso de nitrógeno sea eliminado sin causar daño alguno.
La enfermedad por descompresión raramente se produce cuando los buzos realizan una inmersión con límites sin paradas o respetan exactamente una tabla de descompresión. Sin embargo, la percepción que tiene un buzo en cuanto a la profundidad, la duración y el tiempo de descompresión de una inmersión no es demasiado precisa. Muchos buzos creen erróneamente que las tablas de inmersión gozan de márgenes de seguridad y no las respetan con la precisión que deberían. Las nuevas guías referidas a la velocidad de ascenso, los límites sin paradas, las tablas y los ordenadores que llevan los buzos para calcular la descompresión tienen un margen de seguridad mucho mayor, pero también pueden ser mal utilizados. Como la seguridad de la mayoría de las tablas y de los ordenadores que calculan la descompresión no ha sido totalmente comprobada en mujeres o en buzos de edad avanzada, estas personas deberían ulitizarlos con gran precaución. Además de seguir las instrucciones de ascenso que proporciona una tabla o un ordenador, muchos buzos hacen una parada de seguridad de pocos minutos a 4,5 metros antes de llegar a la superficie.
Una sucesión de inmersiones puede producir la enfermedad por descompresión. Debido a que después de cada inmersión queda un exceso de gas en el cuerpo, esa cantidad aumenta con cada nueva inmersión. Si el intervalo entre las inmersiones es menor a 12 horas, los buzos deberían seguir las instrucciones de las tablas para inmersiones continuadas de los textos autorizados con el fin de controlar el exceso de gas.
Si se bucea en lugares situados a gran altitud, se deben tomar precauciones especiales, sobre todo si es preciso volar después. Por ejemplo, tras varios días de inmersiones, se suele recomendar pasar 24 horas en un lugar situado a nivel del mar antes de emprender un viaje aéreo o ascender más.
Síntomas
El síntoma más común es el dolor, que suele recibir el nombre de “parálisis de los buzos”. Habitualmente se produce en una articulación del brazo o de la pierna, o cerca de ella, aunque por lo general resulta difícil determinarlo. El dolor también resulta difícil de describir (en ocasiones se dice que es “profundo” o que da la sensación de que “algo está perforando el hueso”). En otros casos, el dolor es agudo y su localización precisa. Al principio puede ser leve o intermitente, pero poco a poco puede empeorar y volverse realmente intenso. En general, la zona dolorida no duele al ser presionada, no está inflamada ni presenta dificultades de movimiento.
Los síntomas neurológicos van desde una confusión leve a un funcionamiento cerebral anormal. La médula espinal es especialmente vulnerable, y síntomas aparentemente menores, como debilidad u hormigueo en un brazo o una pierna, pueden preceder a una parálisis irreversible, a menos que el proceso se trate de inmediato con oxígeno y recompresión. El oído interno puede resultar afectado, de tal forma que la persona experimenta un intenso vértigo.
Síntomas menos frecuentes son picores, erupción cutánea y fatiga aguda. La aparición de manchas (marmoración) en la piel, un síntoma en general muy poco frecuente, puede preceder o acompañar a graves trastornos que requieren recompresión. El dolor abdominal puede deberse a la formación de burbujas en el abdomen, pero el dolor que envuelve al cuerpo a modo de un cinturón (dolor de cintura) puede indicar una lesión en la médula espinal.
Los efectos tardíos del mal de la descompresión incluyen destrucción de tejido óseo (osteonecrosis disbárica, necrosis ósea aséptica), especialmente en el hombro y la cadera, provocando un persistente dolor y una grave discapacidad. Estas lesiones son mucho más frecuentes entre quienes trabajan en ambientes con aire comprimido que entre los buzos, probablemente porque la exposición de aquéllos a altas presiones son prolongadas y las aeroembolias que sufren no siempre reciben tratamiento. Sólo una descompresión incorrecta puede producir estas lesiones, que empeoran gradualmente con el paso de los meses y los años. Cuando aparecen los síntomas, ya es tarde para tomar medidas preventivas.
Los problemas neurológicos permanentes, como una parálisis parcial, suelen deberse a un tratamiento postergado o inadecuado de una afección de la médula ósea. Sin embargo, en ciertos casos la lesión es tan grave que no puede ser corregida, incluso con un tratamiento apropiado. Los tratamientos reiterados con oxígeno en una cámara de alta presión parecen ayudar a algunas personas a recuperarse de las lesiones medulares. Una lesión de la médula ósea espinal causada por descompresión tiene más posibilidades de recuperarse que la misma lesión provocada por otros factores.
El mal de la descompresión respiratoria (sofocamiento) es un trastorno poco frecuente pero sin embargo peligroso, causado por una gran obstrucción de los vasos sanguíneos pulmonares por la formación de burbujas. En algunos casos, este trastorno se resuelve sin tratamiento, pero también puede empeorar rápidamente hasta provocar un colapso circulatorio y la muerte, a menos que se realice una recompresión de inmediato. Los primeros síntomas pueden ser malestar en el pecho y tos al inspirar profundamente o al inhalar humo de cigarrillo.
Tratamiento
Cuando se produce una descompresión es necesario realizar una recompresión en una cámara de alta presión, en la cual ésta se aumenta gradualmente con el fin de que las burbujas formadas se compriman y se disuelvan. En consecuencia, se recupera el flujo normal de sangre y el suministro de oxígeno a los tejidos afectados. Después de la recompresión, la presión se reduce gradualmente, con pausas preestablecidas, para dar tiempo a que el exceso de gases abandone el organismo sin causar daño alguno.
El traslado de la persona a una cámara adecuada es prioritario frente a cualquier otra medida durante dicho traslado, o que pueda posponerse sin que ello suponga un riesgo para su vida.
El transporte no debería demorarse aunque los síntomas parezcan leves, porque pueden surgir problemas más graves. Independientemente de la distancia a la que se encuentre la cámara o el tiempo que se tarde en llegar a ella, la recompresión resultará muy probablemente beneficiosa. Una recompresión innecesaria supone menos riesgo que cualquier medida que pueda ponerse en práctica con la esperanza de que el problema remita sin recurrir a la recompresión. Durante el traslado se le debe administrar oxígeno con una mascarilla bien ajustada, líquidos en cantidad suficiente, registrando las entradas de los mismos, la cantidad que se elimine, así como los signos vitales. Puede producirse un shock, en especial en casos graves en los que el tratamiento se demora.
Cualquiera que sea el lugar donde realicen la inmersión, tanto los buzos como las unidades de rescate y la policía de las zonas de buceo más frecuentadas deberían saber dónde se encuentra la cámara de recompresión más cercana, conocer los medios para llegar a ella más rápidamente y la fuente de consulta telefónica más apropiada.
Si no se presta atención inmediata ni se trata adecuadamente la aeroembolia o el mal de descompresión, se corre un alto riesgo de que la persona afectada sufra lesiones graves y permanentes.
Los buzos que sólo experimentan picores, erupción cutánea y gran fatiga, por lo general, no necesitan recompresión, pero deberían permanecer bajo observación por si aparecen síntomas más graves. Respirar oxígeno a fondo con una mascarilla ajustada puede aliviar los síntomas.
Cuando el sofocamiento se produce a gran altitud, el hecho de descender a una altitud menor no siempre resuelve el trastorno. Puede ser necesario realizar una recompresión urgente en una cámara de alta presión.

Sofocación parcial

Sofocación parcial
La sofocación parcial es la falta de oxígeno (ahogo) que se produce al permanecer mucho tiempo sumergido, aunque no provoca la muerte.
Permanecer bajo el agua durante mucho tiempo produce una grave falta de oxígeno en la sangre. La laringe, que es la primera parte de las vías respiratorias, sufre un espasmo de carácter grave que obstruye el paso del aire. Finalmente, el agua entra en la laringe y llena los pulmones. Cuando éstos se llenan de agua, el oxígeno no puede pasar a la sangre. Por otro lado, diversas áreas de los pulmones se colapsan, empeorando aún más su capacidad de oxigenar la sangre.
El reflejo de inmersión, que fue descubierto en los mamíferos acuáticos, permite sobrevivir tras largos períodos de inmersión en agua fría. El impacto de ésta sobre los pulmones estimula este reflejo, hace que el ritmo cardíaco se vuelva más lento y permite que la sangre destinada a las manos, los pies y los intestinos se dirija al corazón y al cerebro, lo cual ayuda a preservar estos órganos vitales. El agua enfría los tejidos del cuerpo y como a temperaturas frías necesitan menos oxígeno que a temperaturas más elevadas, la supervivencia bajo el agua puede prolongarse.
La sofocación parcial puede dañar gravemente los pulmones y las dificultades respiratorias (que reducen la cantidad de oxígeno que llega a los órganos vitales) son el mayor problema en las horas y los días posteriores al episodio. La sofocación parcial puede alterar el volumen y el contenido de la sangre. El agua salada en los pulmones hace que entre líquido del flujo sanguíneo a los pulmones; el agua dulce también daña los pulmones, permitiendo que pase líquido a los mismos desde el flujo sanguíneo. La aspiración de agua dulce también puede incrementar el volumen sanguíneo, provocando desequilibrios químicos y la destrucción de glóbulos rojos.
Tratamiento
Los factores clave que influyen en las posibilidades de supervivencia sin que reste daño cerebral, cardíaco y pulmonar permanente son la duración de la inmersión, la temperatura del agua, la edad de la víctima (el reflejo de inmersión es más activo en los niños) y la rapidez en conseguir la resucitación. La supervivencia depende principalmente de la rápida recuperación de la respiración y del funcionamiento pulmonar para que el oxígeno pueda llegar a los órganos vitales.
Si la víctima no respira, se le debe practicar respiración boca a boca de inmediato (incluso dentro del agua). Si no se detecta el latido cardíaco, debería realizarse una resucitación cardiopulmonar.
Debido a que el reflejo de inmersión puede haber reducido la necesidad de oxígeno durante el período de inmersion, debería intentarse por todos los medios reanimar a la víctima, aun cuando el tiempo que haya pasado bajo el agua sea más de una hora. La persona debe ser colocada con la cabeza más baja que los pies para que el agua pueda salir de su cuerpo. Cualquier materia extraña, como arena u hojas, que esté obstruyendo las vías respiratorias superiores y que pueda extraerse de la boca de la víctima, tiene que ser retirada de inmediato. Si el agua está fría, la víctima puede tener una temperatura corporal baja (hipotermia) y, en consecuencia, necesita tratamiento.
Todas las víctimas de sofocación parcial deben ser necesariamente hospitalizadas. Los intentos de reanimación deben continuar mientras se las transporta al hospital. Es necesaria la hospitalización incluso después de que la persona haya recuperado la consciencia, porque los efectos de la falta de oxígeno pueden no resultar evidentes de inmediato. La víctima debe ser cuidadosamente vigilada para que, en caso de presentarse algún problema, pueda ser asistida de forma inmediata.
En el hospital, el tratamiento inicial se centra en el cuidado intensivo de los pulmones para asegurarse de que llegue suficiente oxígeno a la sangre. Algunas personas sólo necesitan una mascarilla facial para recibir más oxígeno; a otras les hace falta un respirador artificial. Con frecuencia, el respirador se utiliza para volver a inflar porciones colapsadas de los pulmones. Se administran medicamentos para evitar espasmos en las vías respiratorias. El tratamiento puede incluir la administración por vía intravenosa de soluciones que ayuden a restablecer el equilibrio químico de la sangre, corticosteroides para reducir la inflamación pulmonar y antibióticos para tratar una infección. En determinados casos, es necesario realizar transfusiones de sangre para reponer las células sanguíneas destruidas. En otros casos, es posible que se necesite administrar oxígeno utilizando una cámara de alta presión (hiperbárica). A pesar de que se tomen diversas medidas para minimizar el daño cerebral, algunas personas sufren lesiones cerebrales irreversibles.

Mal de montaña

Mal de montaña
El mal de montaña (enfermedad de las alturas) es un trastorno causado por la falta de oxígeno en las grandes alturas; adopta diversas formas, primero una dominante y luego otra.
A medida que aumenta la altitud, la presión atmosférica baja y el aire, menos denso, cuenta con menos oxígeno. Esta disminución en la cantidad de oxígeno afecta al cuerpo de varias maneras: aumentan el ritmo y la profundidad de la respiración, alterando el equilibrio entre los gases pulmonares y la sangre, incrementa la alcalinidad de la sangre y distorsiona la distribución de sales como el potasio y el sodio dentro de las células. Como resultado, el agua se distribuye de forma diferente entre la sangre y los tejidos. Estos cambios son la causa principal del mal de montaña. A grandes alturas, la sangre contiene menos oxígeno, provocando una coloración azulada en la piel, los labios y las uñas (cianosis). En pocas semanas, el cuerpo responde produciendo más glóbulos rojos con el fin de transportar más oxígeno a los tejidos.
Los efectos de la altitud dependen de la altura y la velocidad de ascenso. Los efectos son menores a una altura inferior de 2 200 metros, pero resultan más evidentes y frecuentes por encima de los 2 800 metros tras un ascenso rápido. La mayoría de las personas se adaptan (se aclimatan) a las alturas de hasta 3 000 metros en cuestión de pocos días, pero aclimatarse a alturas mucho más elevadas requiere muchos días o incluso semanas.
Síntomas
El mal de montaña agudo afecta a muchas personas que habitan en regiones situadas a nivel del mar y que ascienden a una altitud moderada (2 400 metros) en 1 o 2 días. Ello hace que noten ahogo, que aumente su ritmo cardíaco y se fatiguen fácilmente. Alrededor del 20 por ciento sufre dolor de cabeza, náuseas o vómitos y padece insomnio. El ejercicio físico agotador empeora los síntomas. La mayoría de las personas mejora a los pocos días. Este trastorno benigno, que no pasa de ser una simple sensación desagradable, es más común entre los jóvenes que entre las personas de mayor edad.
El edema pulmonar de las alturas, una enfermedad más grave en la que se acumula líquido en los pulmones, puede ser el siguiente paso del mal de montaña agudo. El riesgo de contraer edema pulmonar de las alturas es más alto entre quienes viven a gran altitud, especialmente los niños, cuando vuelven a su lugar de residencia tras pasar entre 7 y 10 días en zonas situadas a nivel del mar. Las personas que han sufrido una afección previa tienen más probabilidades de sufrir otra, e incluso una leve infección respiratoria, como un resfriado, incrementa el riesgo. El edema pulmonar de las alturas es mucho más frecuente en los hombres que en las mujeres. Por lo general, se produce entre 24 y 96 horas después del ascenso y es muy raro que ocurra en alturas por debajo de los 2 700 m.
El ahogo es más grave en el edema pulmonar de las alturas que en el mal de montaña agudo; incluso el menor esfuerzo produce una grave falta de aire. Es habitual que la víctima padezca tos seca, provocándole un cosquilleo al principio para que se ablande después y genere expectoración. La persona puede expectorar gran cantidad de flemas, por lo general de color rosado, e incluso con sangre. También es posible que tenga algo de fiebre. El edema pulmonar de las alturas puede complicarse rápidamente y, en pocas horas, pasar de ser una enfermedad moderada a una afección posiblemente mortal.
El edema cerebral de las alturas (la forma más grave del mal de montaña) comienza entre las 24 y las 96 horas posteriores a la llegada a un lugar de gran altitud, o bien puede estar precedido por el mal de montaña agudo o por el edema pulmonar de las alturas. En el edema cerebral de las alturas se acumula líquido en el cerebro. La dificultad para caminar (ataxia), posiblemente acompañada por torpeza en los dedos o en los movimientos de las manos, es un primer signo preocupante. Los dolores de cabeza son más intensos que en el mal de montaña agudo. Más tarde comienzan las alucinaciones, pero, por lo general, no se las reconoce como tales. Cuanto mayor es la altitud, mayor es la pérdida del discernimiento y la percepción. Los síntomas son similares a los efectos causados por las bebidas alcohólicas. El edema cerebral de las alturas puede dejar de ser una enfermedad leve para convertirse rápidamente en un trastorno de carácter mortal. Ante la sospecha de un cuadro de edema cerebral, la víctima debe ser trasladada de inmediato a una altitud inferior.
El edema de las alturas (inflamación de manos, pies y, cara) suele afectar a los excursionistas, alpinistas y esquiadores. En parte se debe a la alteración en la distribución de sales que se produce en el cuerpo a grandes alturas, aunque la actividad física extenuante produce cambios en la distribución de sales y agua incluso en regiones situadas a nivel del mar.
La hemorragia retiniana (en la retina) de las alturas (pequeños puntos de sangre localizados en la retina, la parte posterior del ojo) puede producirse al llegar a alturas incluso moderadas. Este trastorno muy raramente produce síntomas y suele desaparecer espontáneamente, excepto en los casos poco habituales en los que la hemorragia se produce en la parte del ojo responsable de la visión central (la mácula). Estas personas notan un pequeño punto ciego. En algunas raras ocasiones aparece visión borrosa en uno o ambos ojos, o incluso ceguera; estos episodios son, aparentemente, una forma de migraña y desaparecen poco después del descenso.
El mal de montaña subagudo es un trastorno inusual que se ha producido en niños de padres chinos nacidos en altitudes moderadas o trasladados hasta allí posteriormente, y también en soldados destinados a altitudes de más de 6 000 m durante semanas o meses. Este trastorno se produce debido a una insuficiencia cardíaca que da lugar a una gran acumulación de líquido en los pulmones, el abdomen y las piernas. El descenso a una altitud menor cura la enfermedad y es imprescindible para salvar la vida de la víctima.
El mal de montaña crónico (enfermedad de Monge) se desarrolla de forma gradual a lo largo de varios meses o años en individuos que habitan a gran altura. Los síntomas consisten en ahogo, letargo y diversos dolores y molestias. Es posible que se formen coágulos de sangre en las piernas y en los pulmones y que el corazón falle. El mal de montaña crónico se produce cuando el cuerpo realiza una compensación excesiva por la falta de oxígeno, produciendo demasiados glóbulos rojos. La persona queda discapacitada y muere si no se la traslada a una altitud menor.
Prevención
El mejor modo de evitar el mal de montaña es ascendiendo lentamente, utilizando 2 días para llegar a los 2 500 m y un día más por cada 350 a 700 m adicionales. Escalar al ritmo en que cada persona se encuentre a gusto es mejor que seguir un programa estricto preestablecido. Pernoctar a medio camino también contribuye a disminuir los riesgos. El buen estado físico puede ayudar, pero no garantiza que la persona vaya a encontrarse bien a grandes alturas. Se recomienda evitar la actividad física demasiado intensa durante un día o dos después de llegar al lugar de destino. Beber una cantidad adicional de líquidos y evitar la sal o los alimentos salados puede resultar de gran ayuda, a pesar de que la eficacia de estas medidas no ha sido comprobada. Deberían tomarse precauciones si se bebe alcohol a gran altura. Una bebida de este tipo consumida a grandes alturas parece tener el mismo efecto que dos consumidas a nivel del mar. Además, los síntomas que produce la ingesta de grandes cantidades de alcohol son similares a algunas formas de mal de montaña.
Ingerir pequeñas dosis de acetazolamida o dexametasona al comienzo del ascenso y durante algunos días después de la llegada a destino minimiza los síntomas del mal de montaña agudo. El médico puede recetar nifedipina a quienes hayan tenido graves episodios de edema pulmonar de las alturas. El ibuprofeno es mucho más eficaz que los demás fármacos a la hora de aliviar los dolores de cabeza que producen las grandes alturas. Comer frecuentemente pequeñas cantidades de alimentos ricos en hidratos de carbono es mejor que ingerir platos abundantes tres veces al día.
Tratamiento
El mal de montaña agudo leve suele desaparecer en uno o dos días, sin otro tratamiento que la ingesta de gran cantidad de líquidos para reponer los que se han perdido al sudar y respirar el aire seco.
El ibuprofeno y la ingesta de gran cantidad de líquidos ayuda a aliviar los dolores de cabeza. Si la enfermedad es más grave, suele ser beneficioso administrar acetazolamida, dexametasona o ambas a la vez.
Como el edema pulmonar de las alturas puede poner en peligro la vida, el afectado debería ser controlado exhaustivamente. A menudo resulta beneficioso resposar en cama y recibir oxígeno, pero si esto no es posible, la persona con este trastorno debería ser trasladada a una altura inferior sin demora. La nifedipina es efectiva de inmediato, pero sus efectos duran sólo unas pocas horas, y por ello, la persona gravemente enferma no debería ser trasladada de inmediato a una altitud inferior.
El edema cerebral de las alturas, que también puede provocar la muerte, se trata con un corticosteroide como la dexametasona, pero únicamente en los casos graves, mientras se prepara el traslado del enfermo a una altitud menor.
Si el edema pulmonar o el edema cerebral de las alturas empeora, cualquier retraso en el descenso puede conllevar la muerte del afectado.
Después del descenso, las personas que presentan cualquier forma de mal de montaña mejoran rápidamente. Si no es así, entonces debería buscarse otra causa de los síntomas.
Si no es factible el descenso inmediato, puede emplearse un instrumento que aumenta la presión y simula un descenso de varios cientos de metros con el fin de tratar a una persona gravemente enferma. Este instrumento (una bolsa hiperbárica) está formado por una bolsa o una tienda de tela muy ligera y una bomba que se hace funcionar manualmente. La persona afectada debe ser colocada dentro de dicha bolsa. A continuación ésta se cierra y se aumenta la presión en su interior con ayuda de la bomba. La persona debe permanecer en la bolsa entre 2 y 3 horas. Este procedimiento es una buena medida temporal (tan beneficiosa como administrar oxígeno, del que no se suele disponer cuando se escala una montaña).